Me encanta Blake Lively. La rubia protagonista de Gossip Girl tiene unas piernas y un rostro que, con solo verlos, experimento una erección. De hecho, este mes fue la portada de la revista Interview (esa misma donde Megan Fox posaría junto a un maniquí en posiciones cargadas de sensualidad) y, antes de leer la entrevista que acompaña al photoshoot (¿o es al revés?), comencé a imaginar situaciones impúdicas y un tanto grotescas. Desafortunadamente para una de mis rubias favoritas, la serie en la que participa es un insulto a la inteligencia del espectador. Alguna vez intenté ver un capítulo pero apenas y pude soportar lo que algunos catalogan como una revelación. Niños mimados, situaciones que rayan en la estupidez y un catálogo de mentes estropeadas por la ignorancia me hicieron apagar el televisor.
Afortunadamente hay series que compensan la situación y que, de una u otra forma, vale la pena ver.
Una es Dexter. La trama gira en torno a un asesino serial que colabora con la policía de Miami como analista de salpicaduras de sangre. Su trabajo le permite tener acceso a las bases de datos policíacas y, así, encontrar sujetos que han evadido la justicia (por corrupción, sagacidad y/o alguna que otra situación inverosímil). Por un lado, Dexter mantiene un perfil bajo y acata las órdenes emitidas desde el despacho de una teniente no muy brillante. Por el otro, satisface sus necesidades homicidas acechando criminales y asesinándolos mediante un ritual que implica extraer un poco de sangre para conservarla a manera de trofeo. La temporada pasada terminó con la muerte de Rita - esposa de Dexter - a manos de Trinity, otro asesino serial. Y es que, aun cuando Trinity ha muerto, las consecuencias del acto cambian drásticamente la mecánica de la serie: Traumas y obsesiones que vuelven o se hacen más intensos, sospechas de las personas cercanas a Dexter y un fuerte impacto para los hijos de Rita, los cuales ya habían entablado una relación de confianza con Dexter y ahora tendrán que afrontar una pérdida terrible. La temporada comienza hoy y hay grandes expectativas, ya veremos qué tal se desenvuelve la trama.
Fringe comenzó con un planteamiento curioso: Una serie de acontecimientos extraños estaban ligados por algo a lo que se le llamó El patrón. Bajo esta premisa, se generó una división especial del FBI que abordaría estos casos. El equipo estaba (y sigue estando) conformado por la agente Olivia Dunham, Walter Bishop (un extravagante científico que permaneció encerrado, durante años, en un psiquiátrico) y el hijo de éste: Peter Bishop. Esta semana tuvimos la oportunidad de ver el -muy esperado- primer capítulo de la tercer temporada. Y cómo no iba a ser esperado, si la temporada pasada terminó con la agente Dunham prisionera en un mundo paralelo, mientras que su doble acompaña a sus amigos de regreso a nuestro mundo. La Dunham-alterna tiene el claro propósito de infiltrarse en la defensa de nuestro mundo y transmitir información confidencial al otro bando mientras todos se preparan para lo que parece ser una inminente guerra. Interesante, ¿no? Desde que la física cuántica y la relatividad plantean el multiverso, éste ha sido recurrente en los filmes, series y libros de ciencia ficción (nada más basta con leer La materia oscura -irónicamente brillante- de Philip Pullman o ver Sliders, aquella serie noventera protagonizada por Jerry O' Conell). Fringe es dinámica, divertida, conmovedora y nos muestra ideas, un tanto bizarras, a partir de hechos científicos (Eso y que Anna Torv es prueba fehaciente del talento australiano -pregúntenle a Nick Cave, Kylie Minogue o Russell Crowe).
Y ya por último, vuelven los hermanos Winchester a la carga con Supernatural. Después de evitar el apocalipsis (sí, lo sé, todo un cliché pero tiene sus toques divertidos) y perder a su hermano, Dean se enfoca en su nueva vida, con una mujer y un niño que comienza a verlo como padre. Pero, al parecer, todo se viene abajo con la aparición de nuevas amenazas, criaturas que quedan libres en un mundo caótico y anarquista, producto del choque entre ángeles y demonios. ¿Por qué vale la pena la serie siendo que la idea no es tan original? Bueno, las temporadas pasadas los guionistas plantearon a los ángeles y demonios de una forma diferente (todos cabrones, a fin de cuentas). El apocalipsis no es el evento que los ángeles planean evitar, sino que es un evento muy esperado tanto por las criaturas celestiales como las infernales, una pelea donde lo que menos importa es el estado en el que quede el mundo. Engaños, desconfianzas, tormentos ponen a prueba a los Winchester y a sus seres queridos. Además, la serie está acompañada de múltiples referencias al rock, como aquel capítulo titulado: The song still remains the same (una rola de Led Zeppelin).
Así que, a pesar de vomitivas propuestas televisivas como la antes mencionada Gossip Girl y una nueva apuesta de Televisa para las noches dominicales (Décadas), aún quedan cosas interesantes por ver.
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